Los pequeños delincuentes


Nuestra conducta cotidiana al frente de un vehículo nos puede dar pistas sobre dos características de los venezolanos que nos permiten suponer que contamos con un gran semillero para la delincuencia fina: Facilismo y vivismo.
La otra vez circulaba por esa tortura que inventó el gobierno citadino y que llaman las obras del BusCaracas y he aquí que metida en una gran cola, antes de la Roca Tarpeya, tuve una especie de Epifanía que me hizo pensar en cómo algunas conductas nos perjudican.

Iba en dirección sur, bajé por la Av. Fuerzas Armadas, superé La Hoyada, entrompé el Puente de Hierro. Justo en la curvita que viene de la Av. Páez de El Paraíso y donde la vía parece ensancharse en cuatro canales, antes de ese monstruo cuartorrepublicano de El Helicoide, se produce un gran embotellamiento debido a que los cuatro canales son una ilusión de unos 100 metros. Más “alantico” la vía se minimiza. En el medio construyen una estación del BusCaracas y del otro lado están levantando un muro de contención. Cualquier conductor pilas se da cuenta de ese embudo. Sin embargo, la mayoría en vez de irse alineando en un solo canal para pasar de a poquito, se lanza en una carrera desesperada. Empiezan las mentadas de madre porque todos queremos pasar primero.

Lo extraordinario es que al final terminamos superando la estrechez sin que se produzca un choque ni un roce entre los carros, autobuses, busetas y motorizados que pujan. Puede ser que en el intento hayas visto algún atraco, o hayas sido víctima de uno, pero suspiras porque logras seguir tu camino. No piensas en el costo del esfuerzo ni en los otros.

En el arsenal de conductas que califico de predelictivas -y en las que más de uno ha incurrido- están sacar la licencia “chimbolegal”, circular por el hombrillo, manejar borracho, adelantar por el canal contrario, sobrepasar limites de velocidad, estacionar sobre las aceras y otras áreas prohibidas, etc. Ya en el borde superior están muchos motorizados que no sólo hacen lo que les da la gana sino que se calientan si pretenden meterlos en cintura.
Es posible que alguno crea que las faltas anteriores son minucias o que sólo atentan contra la convivencia, pero lo más significativo es que todas esas vivezas se cometen frente a los ojos de todo el mundo. Imaginen lo que somos capaces de hacer mientras creemos que nadie nos ve.

Los pequeños delincuentes suelen crecer muy emperifolladitos. No todos llegan a las grandes ligas del guiso, pero es muy seguro que aquel que comete esa pequeña infracción aplicará la misma lógica para robar un poquito, cobrar comisión, estafar, hacer negociados o cometer otros delitos de cuello blanco: el fin justifica los medios.

No sé porqué insana razón suponemos que somos más vivos que el otro y que, sin importar lo que pase, nos saldremos con la nuestra. Lo peor del caso es que muchas veces creemos que lo logramos y entonces ratificamos que así es que debemos actuar. Y así vamos pedaleando en esta especie de maratón en bicicleta estática en que hemos convertido al país y donde al final la mayoría termina agotada, con la ilusión de que avanzamos aunque el paisaje nos indique lo contrario.
lreyes@cadena-capriles.com

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