Una campaña de pajaritos preñados


“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas”.

1 Juan 2: 9 en la Biblia

La fugaz contienda electoral venezolana adolece de lo de siempre: una verdadera confrontación de ideas y proyectos entre los dos candidatos principales. CNN en español y Venevisión convocaron a Henrique Capriles Radonski y a Nicolás Maduro a un debate. El primero dijo que sí, el segundo “ni lo ignoró”. Una vez más se perdió la oportunidad.

De forma que esta primera semana de campaña lo que hizo fue pasar al anecdotario por el pajarito de Maduro, quien, de acuerdo con las encuestas, tiene todas las de ganar. El candidato de gobierno narró una experiencia que el cataloga de espiritual. Ocurrió el martes en Sabaneta de Barinas, tierra del mandatario Hugo Chávez. Maduro contó que entró a una capilla a rezar, y luego también llegó una pequeña ave, que según relató, lo miró raro. Luego le cantó. Entonces él le respondió con un silbido. Sintió, después, que era como el espíritu de Chávez que le echaba la bendición. Este cuento fue narrado con onomatopeyas incluidas, trinos y silbidos dieron su parte descriptiva. Por supuesto que muchos se lo tomaron con la habitual mamadera de gallo. Maduro siguió insistiendo en su historia y, además, pidió respeto por su espiritualidad.

Ahora todos sabemos que el muchachote de Los Chaguaramos sabe silbar, que aún no maneja el arte de “echar cuentos” y que la creatividad criolla es veloz. No habían pasado unas horas cuando había chistes hasta con el célebre personaje Jaimito y el pajarito.

El aspecto positivo de este “chinazo” fue que permitió distender el clima electoral, que inició con una alta emotividad por lo que los candidatos debían cuidar mucho sus dardos.

Sin embargo, el tema más importante abordado por ambos aspirantes, el de la inseguridad, quedó relegado. Capriles tuvo una marcha multitudinaria el pasado lunes en la noche en Caracas. Cientos le acompañaron para protestar contra el hampa. Parecía que se marcaba una agenda para la semana, porque luego Maduro, en su rol de presidente encargado, instaló una comisión y la Asamblea Nacional desempolvó la Ley Desarme.

Me parece positivo que Maduro haya afrontado este tema desde que se inscribió como candidato, pero es evidente que lleva, por los momentos, las de perder en este punto. Debe ser por eso que cerró el asunto y se ha dedicado a lo que es el foco de su campaña: ser el hijo de Chávez.

Es lo razonable. Maduro como candidato carece de tiempo para que la gente lo conozca. Cada metida de pata es magnificada; apenas está puliendo habilidades de oratoria y no tiene otra cosa que ofrecer que no sea la continuidad del proyecto del Presidente. En pocas palabras, y en concordancia con el tono religioso que tiene su campaña, él es como un vicario de Chávez.

Capriles, por su parte, se anotó una muy buena con el acto de un grupo de artistas, intelectuales y creadores que le manifestaron el viernes pasado su apoyo: todos se pronunciaron por otra opción de país. Destacó la intervención de Gledys Ibarra, la conocida Eloina, de Por estas calles, para el publico cuarentón, y Patria mia, para los televidentes más jóvenes. Un lunar de este encuentro: se trató de un evento hecho para las cámaras y en un escenario cerrado en el teatro Chacao. Tal vez habría sido mejor hacerlo en Petare, en el César Rengifo, por ejemplo.

Sin embargo, esta reunión puso, a mi juicio, el dedo en la llaga. Esta es una nación dividida. Son dos concepciones de sociedad que por momentos parecieran no tener punto de convergencia. Pero en ambos grupos hay un profundo amor por Venezuela, por esta patria que es de todos.

Por eso es que echo de menos un debate en el que ambos candidatos no solo sean interpelados, sino para que también escuchen en un mismo escenario a las diferentes voces que hay en este país. Todo esto con la finalidad de que no sigan hablándose entre iguales que solo ven lo bueno en el candidato que apoyan y lo malo en quien no siguen. Un debate permitiría aprovechar esta oportunidad histórica de plantear un país en el que esas diferencias no solo se expresen, sino que sean también tomadas cuenta. Como dijo Gledys Ibarra: si ella tuvo que apartar su condición de actriz, que trabaja para todos, y tomó la decisión de pronunciarse como ciudadana, es porque el gobierno no lo está haciendo del todo bien.

Encuestas

Los sondeos que han circulado hasta el sol de hoy, cuando finaliza el lapso para publicar encuestas, revelan una intención de voto para Maduro que ronda 55% y para Capriles 44%. La abstención se ubica en aproximadamente 30%. Es un escenario muy parecido a las regionales del 16D, primera prueba para el chavismo sin Chávez. En una semana difícilmente se puede cambiar una tendencia de este tipo. No obstante, en siete días puede pasar cualquier cosa y más en un país como este. En general se repite un voto fiel a Chávez que es duro por varias razones. Una de ellas es la conexión con el líder. Otras son de índole más pragmáticas, y aún no sé cuánto hay de ideología. Percibo, eso sí, una identificación con un modelo de inclusión que tiene muchos retos. Si la oposición se mantiene dura, podría impulsar un nuevo pacto de gobernabilidad. Los desafíos del nuevo gobierno serán duros. Si se consagra a Maduro como presidente, no le bastará con haber ganado. Deberá labrarse el respeto de quienes no siguen la línea oficial y de quienes, aun siguiéndola, son críticos con sus actuaciones.

El adiós que comenzó como un rumor

El viernes 1 de marzo Caracas amaneció plagada de rumores. Extrañamente, esta vez la gente también se hacía eco de ellos en las calles; una semana antes solo lo hacían por el ciberspacio.

Aquel día una falla eléctrica en el servicio del Metro, que mantuvo por un rato a los pasajeros atrapados en los vagones, incidente que se ha presentado antes, generó más incertidumbre, pues se sumó a las preguntas que la gente se hacía en la calle: “¿Están saqueando en San Bernardino?”. “No, lo que dicen es que están saqueando es en Petare”. Pero tales saqueos eran rumores. “¿Enfrentamiento en la plaza El Venezolano, en pleno centro de Caracas?”. Eso fue verdad a medias. La captura de un fugitivo provocó un incidente.

Pasado el mediodía, dos hechos fortuitos alimentan la sensación de que algo va a pasar. Se percibe en la voz de un funcionario, se intuye al leer entrelíneas, se huele en cada esquina por donde la gente pasa, apurando el paso porque, como dicen, “no se sabe qué pasa”, pero lo cierto es que los sentidos se activan y entonces el olfato indica que algo muy fuerte va a ocurrir. Aquel fin de semana, antes de que se anunciara el fallecimiento del presidente Chávez, se coló la información: se encontraba en estado terminal. Algunos periodistas dateados, los brujos, cualquiera ya se atrevía a difundir a través de los virales mensajes cibernéticos la inminencia de un hecho que luego conmovería al país. Mientras tanto, voceros del gobierno insisten en que todo es producto de una guerra psicológica.

El viernes 5 de abril se cumplió el primer mes de la muerte del Presidente. Algún día, espero que más temprano que tarde, se sabrán más detalles sobre su enfermedad y sobre el manejo que le dieron desde el gobierno. Durante ese período de desasosiego el país debió valerse de otros medios para enterarse de lo que pasaba.

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