A sufrir en el supermercado *


“A uno que tenga hambre, dale primero de comer y después háblale de lo que sea; si empiezas por hablarle, sea de lo que sea, fracasarás, no lo dudes”.

(Jean Anouilh)

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La inminencia del Día de las Madres obliga a ir al supermercado.Lo hago a regañadientes. En la entrada no hay carritos. Respiro resignada y entro. Noto con sorpresa que en las 10  cajas hay filas que pasan de 12 personas. Me digo: “¡Ay, de aquí no salgo antes del mediodía! ¿Qué tanta gente  puede ir a un supermercado un viernes a las 9:00 am?”.

Inicio el recorrido por el pasillo de productos de higiene personal: pasta dental y  enjuague bucal Colgate sí hay. Papel tualé no hay. Pañales, champú y enjuague  para el cabello, marca Pantene, también hay.  Están llenos los anaqueles con jabón de panela, pero no Las Llaves.Aún queda limpiador Míster Músculo (azul),  jabón en polvo, lavaplatos Axión y toallas sanitarias Stayfree y Kotex.

 Oigo un leve bullicio. Un hombre intenta rescatar un sobre de leche en polvo. Hay algunos  paquetes, pero todos rotos. Un muchacho le dice que tal vez en un rato lleguen más.

La harina de maíz marca Pan llega en lotes mientras compro. No da tiempo de ubicarla en su repisa. También el Mazeite y azúcar blanca.  Pero la leche en polvo,  no.  Tampoco la  margarina ni la mantequilla ni los huevos.  Supongo que los compraré en la calle. Los buhoneros los suelen tener, casi al doble de lo que cuesta en el supermercado y no aceptan cestaticket electrónico, pero al menos resuelven.

En la zona de licores, alguien advierte que no se puede tomar ningún producto sino después de las 11:00 am. Le digo que de aquí a que salga ya lo serán. La señora, de la milicia, le pide autorización a quien parece su supervisor y él responde: “Mientras pague, no importa”. Me dice que de las bebidas caras solo ponen la caja, porque hay quien se las lleva sin cancelarlas.

Hay vino nacional e importado,  ron Santa Teresa en sus distintas presentaciones,  vodka,  whisky, uno tipo tapa amarilla y otro Famous Grouse, 12 años, pero paso. Voy por unas cervezas: Regional, Polar Light, Zulia y Solera hay, aunque no muchas. Polar tipo pilsen, no.

En este Bicentenario de San Bernardino hay calentadores marca Haier, sanducheras y hasta almohadas. En la sección de chucherías hay  unas “sorbeticos” brasileñas y bombones, pero falta la tradicional María, mientras que en el sector de frutas hay pera, manzana, tomate de agua, tres variedades de melón, uvas,  durazno, lechosa, piña, cambur, ciruela… Más allá, en la sección de hortalizas, hay preparaciones empacadas de berro, ajo, el kit  para un sancocho, yuca, cilantro, tomate cherri, brotes germinados, lechugas mixtas,  mazorcas. En la zona de lácteos hay yogur, dips de queso crema, suero de leche, gelatina, arroz con leche, pero no leche pasteurizada. La carne de primera brilla por su ausencia, pero hay pescado y queso pecorino. A esta hora no queda mayor variedad de queso blanco y tampoco de jamón. Pero hay paquetes de “nuggets”,  papas fritas congeladas y pernil. Igual abunda la avena Quaker, las cajas de Flips, Corn Flake de Kellogs y su versión popular Maizoritos, compotas Heinz y Yukery,  sardina y atún enlatado.

Pese a que hay provisión, digamos que decente, percibo como una especie de molestia. Una señora, en una de las colas, asegura que en los supermercados del este hay de todo, que ella siempre hace sus compras en un Plaza que queda por Prados del Este, pero como su marido está de viaje, le toca hacer reposición en este Bicentenario.

Aunque yo también me he echado unos viajecitos para comprar, no paso del Excelsior que está en Santa Eduvigis y eso cuando hago mercado en la noche, después de salir de la oficina. En esas ocasiones, pareciera que ha pasado la marabunta, suelo irme sin artículos esenciales, aunque como alguna vez lo intuyó Anibal Nazoa, mis ojos gozan con las tonalidades de estantes llenos deproductos de tercera necesidad: velones perfumados, flores naturales, toallas de baño, leche de soya, o de almendra, gazpacho, mermeladas de todo tipo, Nutella, “señoritas”, pasta italiana, crostini, casabitos de distintos sabores, aceite de oliva español,  miel, queso de cabra, frutos secos y, algunas veces, cerezas frescas.

Veo a mis compañeros de fila. Casi ninguno lleva el carrito lleno, sino que adquieren  algunos productos. Es como si fuesen a la tradicional bodega o abasto del barrio para comprar a detal. Varios intentan en vano llevar ocho frascos de aceite o paquetes de harina.

Suspiro porque asumo que lo que compré aquí me saldrá a la mitad del costo de  lo que gastaría en otra cadena, pero también sé que, con ese mismo dinero, ahora obtengo menos de la mitad de lo que adquiría en enero en este  mismo local.  

No sé si estoy rabiosa,  resignada o aletargada como algunos de los que ahora esperan conmigo para pagar. O es que ya nos tienen cansados que en dos horas no ha dejado de sonar por el altavoz la advertencia: “Estimados clientes: Le recordamos que de los productos regulados solo pueden llevar dos litros de aceite, cuatro kilos de harina pan y cuatro paquetes de pasta por persona”.

  • Antítesis de una hermosa crónica escrita por Aníbal Nazoa. “Vamos a  gozar en el supermercado”

 

  La sutileza

Reviso los anaqueles y confirmo que algunas  marcas han hallado la manera de burlar la regulación de precios. Es muy sutil.  Si la pasta tiene huevo, espinaca o cualquier añadido o su presentación es distinta a las controladas, ya no cuesta Bs. 4,33 el kilo. El precio escala en la medida de la belleza de la pasta y puede llegar a Bs 30 el paquete. Hay cambios también con el arroz, y ni hablar de la leche. Desde hace tiempo venden un producto que publicita tener prebiol y por eso cuesta más de Bs 30.

 

 ¿Guerra económica?

Desde enero, el gobierno advierte que está librando una guerra económica. Del lado de los sectores productivos señalan que  están prisioneros del control de cambio. Cualesquieran sean las razones por las cuales hay escasez de algunos productos  y el encarecimiento de otros, lo cierto es que  esta situación requiere una atención prioritaria porque puede ser una “bombita” de tiempo.  Los consumidores hacen compras nerviosas y tal vez eso influya en que no se hallen disponibles algunas mercancías, pero también es sabido que la producción del país ha ido mermando y que solo las grandes empresas han podido sobrevivir. Vale entonces preguntarse dónde están las famosas plantas procesadoras de leche y de harina de maíz, cuyos equipos fueron comprados a Irán, o qué ha pasado con empresas productoras de lácteos y bebidas expropiadas.

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