Lucha anticorrupción: el cuento del gallo pelón


“Incurre en enriquecimiento ilícito el funcionario o empleado público que durante el desempeño de su cargo o dentro de los dos años siguientes a su cesación y sin poder justificarlo, se encontrare en posesión de bienes, sea por sí o por interpuesta persona, que notoriamente sobrepasen sus posibilidades económicas”

. Artículo 44 de la Ley Orgánica de Salvaguarda del Patrimonio Público

El mal manejo de los dineros públicos, especialmente para enriquecerse individualmente, no ha sido visto en Venezuela como una cuestión ética sino como un asunto vinculado con la crisis económica.
En este país, donde hemos pasado por épocas de abundancia debido al alza de los precios petroleros, se hicieron conocidas dos afirmaciones: “Los adecos roban y dejan robar” y “a mí que me pongan donde haiga”. De esta forma se expresaba cómo la aspiración natural de cualquier militante de un partido era tener un cargo público para ponerse a valer, él, ella y toda la familia y allegados.
Esta percepción y la conducta que la valida no han cambiado mucho. Por eso, durante los primeros años de la revolución se institucionalizó el término boliburgués y durante un tiempo rodaba el chiste sobre los “bolivarianos”, es decir, aquellos que lejos de seguir el ideal de Bolívar, se movían por la ley del bolívar (cambiado a verdes).
A finales de los años 80, después de agudizarse la crisis económica, y durante los 90 caló mucho el discurso anticorrupción. Las encuestas mostraban que entre los principales problemas de la población, la corrupción era uno de ellos.
Pero si se hilaba muy bien en los datos que arrojaban los sondeos, la relación entre disminución de la calidad de vida, bajo poder adquisitivo y el político ladrón, tenía más que ver con la sensación de que era justo el político que se había robado el dinero que le tocaba a cada uno de este pueblo. En pocas palabras, no se le sancionaba por el hecho de apropiarse de dineros del Estado, sino porque ya no había de dónde sacar, ya que en época de abundancia pocos reprueban la corrupción.
Ha habido intentos y algunos avances en esta lucha. Durante el gobierno de Luis Herrera Campins se aprobó la ley Orgánica de Salvaguarda del Patrimonio Público (1982). En la segunda etapa de Rafael Caldera hubo hasta un comisionado anticorrupción, Adelso González Urdaneta. Y en 2008, la Fiscalía creó la Unidad Anticorrupción. Y claro que alguno ha ido preso por manejo indebido de las arcas públicas. Pero, vamos, que frente al dineral que se presumen se han embolsillado varios a través del cobro de comisiones por las obras públicas (ya prácticamente institucionalizado), el uso de los bienes públicos para fines personales y el guiso descarado entre compadres y comadres, ver a un corrupto preso es tan extraño como ver a un oso polar bañándose con chigüires en el llano venezolano.
En el país hay algo peor. Se suele poner la lupa sobre los grandes escándalos, por ejemplo: Plan Bolívar 2000, Convenio Irán-Venezuela, Pudreval, El Maletinazo, Central Azucarera, notas estructuradas, entre otros. Pero pocos escudriñan en los funcionarios medios que muestran un nivel de vida prácticamente imposible de alcanzar para cualquier mortal que haya escogido la honestidad como modus vivendi.
Tampoco se sanciona el nepotismo, el amiguismo y mucho menos que funcionarios negocien con familiares o que beneficien a conocidos y allegados. Ni hablar de las licitaciones. Desde hace mucho tiempo, muchas obras, compras y adquisiciones se hacen a dedo, porque se declara una emergencia y ya no hay control que valga.
Con el debido respeto de quienes son honestos –honestos y honestas–, no creo que esta prometida guerra contra la corrupción pase de pillar a algún “Chino” de Recadi para que la gente se entretenga y deje de pensar en el pan por estar pendiente del circo.

Por alli fumea
En semanas recientes se ha informado de una cruzada antipillos en Indepabis, se detuvo a un fiscal del Seniat y fue hecho preso, Luis Gallardo, el ex gobernador de Guarico.
Le daremos el beneficio de la duda, pero, lo más probable es que estos casos sean apenas la punta del iceberg. Es de esperar que no lleguen a mayores porque en estos hechos suele haber muchos enredados. Aunque a la larga, el mensaje va dirigido a persuadir a otros para que se dejen de tanta guisadera.

La procesión va por dentro
Me encuentro a un integrante de la MUD. Le pregunto. “¿Qué está pasando?” Me responde: “De todo”.
La alianza opositora le falta superar nuevas pruebas. Si bien tienen casi resuelto el asunto de las candidaturas a las elecciones municipales, faltan materias por solventar. En Baruta esta la inhabilitacion de David Uzcátegui, en Chacao queda la incógnita por despejar para saber si Graterón no desafiará la voluntad popular que escogió a Muchacho, y en El Hatillo varios se disputan la vacante imprevista dejada por la muerte del pelón José Manuel Hernández. Ni hablar del cuestionamiento a la candidatura de Ismael García en Libertador. Y aun queda por verse la situación de Maracaibo. Por si fuera poco el tan prometido segundo audio, del ex presentador de La Hojilla, parece que compromete tanto a algunos individuos de la oposición, que prefirieron meterlo en el mismo congelador donde reposan las investigaciones sobre corrupción.

Madiba, Mandela. El último gran héroe
Toda la semana se vivió la expectativa por el estado de salud del ex presidente surafricano Nelson Mandela, quien está hospitalizado y en estado crítico. Este hombre de 94 años, es el último gran hombre del siglo XX que aún vive. Su lucha contra el oprobioso regimen del apartheid, su ejemplo de sobrevivir 27 años en una minúscula celda donde estuvo prisionero y su enfoque para tratar de unir a la nación multicolor, le han ganado el respeto de muchos. Madiba le llaman en tierra a este hombre que ha inspirado a muchos. Su espíritu en cualquier momento saldrá de su cuerpo, pero ya su obra lo ha superado.

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