Lo que nos une y los que nos separa. Una Venezuela que sueño


Al estar en esta ciudad no pude dejar de recordar las potencialidades de  Puerto La Cruz y La Guaira

Al estar en esta ciudad no pude dejar de recordar las potencialidades de Puerto La Cruz y La Guaira. Foto Iván

“Somos 90 por ciento chimpancés y 10 por ciento abejas”

Jonathan Haidt

Durante dos dos semanas estuve fuera del país. Como es usual, a los 15 días de estar lejos de muchos de mis seres queridos los extraño a rabiar y también a mi tierra. Sin embargo, como también ya se ha hecho común, cuando estás en otro país donde asuntos tan simples y determinantes para la calidad de vida funcionan, te preguntas qué nos pasa en Venezuela, o mejor dicho en Caracas, en donde la vida diaria es tan compleja y ruda.

Estas líneas se empezaron a gestar en una reciente visita a Guayaquil, Ecuador, aunque las escribi en San Francisco, una de las ciudades más liberales de EEUU.

Guayaquil es una ciudad de puerto no solo amable, sino limpia y con gente muy dispuesta a atender al visitante. Allá se cumple la política del gobierno del presidente Correa: Hecho en Ecuador. Se promueve el consumo de los bienes producidos en aquella tierra. Sin embargo hay cadenas internacionales de hoteles, abundan vehículos de todos los modelos ( si no eres venezolano o nos ha vivido aqui recientemente, tal vez esta menciòn sea incomprensible). El dólar es aun la moneda de este país andino, que destaca por su desarrollo agrícola, aunque igualmente exporta petróleo.

San Francisco está ubicada en la costa del Pacífico estadunidense. Es un lugar cuyo lema se expresa en un trato amable entre la gente, donde Harvey Milk, un activista homosexual, libró una de las luchas más importantes en la conquista de los derechos civiles en EEUU, posterior a la batalla que dio la minoría negra. La tolerancia es la máxima norma. Entre sus habitantes destacan latinos y asiáticos.

Ambas ciudades me hicieron recordar mucho La Guaira y Puerto La Cruz. Mejor dicho, me hicieron pensar otra vez en todo el potencial que tienen las ciudades venezolanas, sobre todo las que tienen frentes de agua, y como con una adecuada infraestructura podríamos aprovechar al máximo nuestros recursos.

Desde la distancia me pregunto una y otra vez qué es lo que nos pasa como país, por qué aún seguimos tan separados y cuáles serían los elementos que pueden propiciar que nos enfilemos hacia una mejora general.

Para empezar a responder me voy con una bola fuerte: El país no está ni la mitad de bien de lo que dice el gobierno. Olvídese de la polarización, de las conspiraciones y de tantas medias verdades. En términos económicos, de servicios y funcionamiento la situación no es nada color de rosa y según los cálculos la tendencia es que vaya a color de hormiga. No obstante, lejos de desalentarnos, las dificultades que padecemos deberían ser un aliciente. Para empezar a solucionar los problemas hay que reconocerlos. De lo contrario, nos seguiremos dando contra una pared.

Algunos aspectos que considero pueden ser abordados algunos de tantos que aspiran a gobernar desde una alcaldía o aquellos que ya lo hacen en una gobernación son los siguientes:

1.- Aunque no hay cifras oficiales es obvio que muchas personas se están yendo de Venezuela. Las razones son múltiples. Si en la cuarta república muchos que emigraban aducían que en Venezuela no había futuro, hoy otros lo hacen porque temen por sus vidas y su integridad y por las condiciones económicas. Esto, a mi juicio, es lo novedoso de la diáspora que estamos viviendo. Aunque alguno quiera atribuir esta capacidad de emigrar solo a los sectores medios, es preciso decir que también se ha detectado que colombo-venezolanos y descendientes de otras nacionalidades que emigraron a nuestro país porque en los suyos la pobreza les era insostenible, también se han estado devolviendo. Además hay un flujo interno en los barrios caraqueños, de donde algunos se van porque no pueden vivir ante tanta incertidumbre por la alta tasa de criminalidad.

Entonces, una de las cosas que nos une, porque la padecemos todos, es la falta de seguridad personal. El gobierno ha intentado algo con el Plan Patria Segura, y antes tuvo la iniciativa de la Mision a Toda Vida, pero los resultados son tan lentos, que diariamente el crimen gana una batallita. Parece pues que todos deberíamos enfilarnos por lograr un verdadero sistema que garantice la vida de los venezolanos y esto no solo se hace desde la perspectiva unilateral. Es más bien una visión transversal la que puede orientar sobre cómo atacar este problema. Y esto involucra al Estado, a las “fuerzas vivas” de la sociedad y a la familia. Se imaginan si el 50 por ciento de los venezolanos que se ha mudado temporalmente a otro país, tuviese algún incentivo para regresar, los cambios e innovaciones que esto producirían. Sería como una nueva inmigración selectiva que traería aportes como lo hicieron en su momento españoles, italianos y portugueses. Los paisanos que se han ido por razones forzosas, tienen que apelar a sus mejores cualidades para enfrentarse exitosamente a un mundo competitivo y con costumbres muy distintas a las nuestras.

2.- Cualquiera que haya ido a un servicio público de salud puede notar las deficiencias. En el Hospital de El Llanito hay un director que, según todos, es un hombre eficiente y honesto. Se preocupa porque las cosas funcionen, pero de todas maneras los pacientes se desesperan porque deben comprar las medicinas o porque alguna máquina está dañada o porque hay un paro de médicos, o las enfermeras están reventadas de tanto trabajar. O no hay médicos que operan determinadas patologías o no hay camas, o si las hay están ocupadas y los enfermos deben esperar en cualquier colchón, mientras los familiares abatidos duermen a la intemperie, donde si no están mosca, los pueden atracar. De otro lado, el bolsillo se desangra pagando planes privados, pólizas de seguros y costos que cada vez van en aumento. Sabemos que el sistema de salud es realmente un monstruo ¿Por qué no quitarle la cabeza, los brazos, el cuerpo, las piernas y lograr que funcione un sistema público de salud a través de la descentralización? En Maracay una vez funcionó una iniciativa en el Hospital de Los Samanes. Era un centro de salud excelente.

3.- Los caraqueños gastan millones buscando espacios para el esparcimiento. Un domingo en parque del Este, el Ávila ( a todos estos sitios les han cambiado el nombre),la cota mil, o cualquier área pública, se ven llenas de personas que solo buscan un respiro. Caracas requiere más zonas públicas para la recreación. Sin embargo, esta posibilidad va asociada al primer punto: que haya seguridad. Mientras unos van a los espacios abiertos, otros solo lo hacen a los privados porque sienten que están más seguros en un centro comercial que en la calle. ¿Y qué diversión hay un CC? El cine, algún parque pequeño y tiendas. Por lo tanto la gente, incluso la de sectores pobres, va a los centros comerciales a gastar lo que ahorran en Mercal, a comer toneladas de grasas y azúcar. No en vano el país tiene altos índices de enfermedades adquiridas por la boca y el sedentarismo. Mientras menos prevención y vida al aire libre, mas abarrotados están los centros de salud, y así es como un círculo vicioso. En algunos países “del primer mundo” se libra una lucha por volver a lo orgánico, a los alimentos menos industrializados. Nosotros que tenemos un clima maravilloso, espacios verdes y hasta buen ánimo deberíamos propiciar la vida urbana de alta calidad. No conformarnos con una ciudad que aturde.

4.- El transporte o como llegar tranquilo de su casa al trabajo y viceversa.

Los que vivimos en la capital y sus alrededores sufrimos horrores con el tráfico. La gente compra vehículos por varias razones. Algunas lo requieren para moverse a grandes distancias, por ejemplo para trasladarse desde las llamadas ciudades dormitorios a Caracas y viceversa. Otros usan vehículos particulares porque no hay un servicio de transporte público que les garantice llegar a tiempo, sanos y salvos a sus diferentes destinos. El metro perdió parte de su encanto y buen funcionamiento, los taxis piratas abundan y cobran lo que les da la gana, los mototaxis hacen lo que les provoca, las busetas están en mal estado, hay música estridente y además hay unidades en a las cuales no se pueden subir ancianos porque prácticamente tienen que escalar, y menos lo pueden hacer personas con movilidad reducida. En ninguna unidad de transporte superficial hay espacio ni acceso para una silla de ruedas. ¿ Que podemos hacer para mejorar el sistema de transporte y la movilidad? Hay varias iniciativas, pero todas se tropiezan con una traba.

5. Lo escrito es apenas un esbozo de aspectos que estoy segura si son abordados por cualquier gobierno, los ciudadanos estarán más que agradecidos. El gobernante habrá hecho parte de su trabajo y nosotros tendríamos una vida mejor. Hay suficientes expertos en el país en materia de políticas públicas, por lo que de seguro, habrá más de una solución a todos estos enunciados. Ojalá hubiese la voluntad política para ponerlas en marcha.

NOTA Esta columna fue publicada en diario 2001 el domingo 15 de septiembre de 2013

Acerca de politikomreal (546 Artículos)
Somos periodistas, venezolanos, apasionados por la información. Nos encuentras en @PolitikomReal y en @LuzmelyReyes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s