El descontento de los chavistas ( II)


Les hablé la semana pasada de la situación percibida entre seguidores del chavismo y de la oposición frente a sus respectivos líderes. Hoy me dedicaré un poco más a lo que pasa entre las filas rojas y la semana que viene sobre lo que estoy observando en la oposición.
La semana pasada un artículo del ex vicecanciller Temir Porras, uno de los “jóvenes” pensadores del chavismo, causó impacto al salir a la luz pública. Escribe Porras, sobre qué hacer en esta etapa de la Revolución ( asi lo tituló) “La incertidumbre política originada por la fatalidad, se ha venido agudizando como producto de un escenario económico complejo que, por primera vez en mucho tiempo, amenaza con resquebrajar la base social de la Revolución” afirma Porras y y luego de analizar el difícil momento que se vive plantea varias propuestas.
Acto seguido su posición fue descalificada y se le señaló entre los suyos de oligarca, por una fiesta que hizo al casarse y en algunos círculos se habló hasta de llevarlo a juicio por su paso fugaz por Bandes y Fondem. Aquella vez salió de esos puestos, según entiendo, por pedirle cuentas a uno de los mandamás rojos con respecto a la estafa y los sobornos denunciados en esta entidad, por lo cual hay un juicio internacional incoado por la Comisión de Valores de EEUU contra cuatro personas, entre ellas la vicepresidente de Bandes, la venezolana María de los Angeles González.
Al respecto comenta Alberto Aranguibel: “Como era de esperarse, los atorrantes autocriticistas, autoerigidos en dueños no solo de la verdad sino de la agenda revolucionaria, le cayeron encima como si del demonio encarnado se tratara. Y marcan así una diferencia, más que oportuna necesaria, con la que probablemente sea la reflexión más aguda y sensata de cuantas se han presentado al debate en esta tan crucial etapa de la revolución que se inicia con la partida física de nuestro querido Comandante Supremo.”

Luego le tocó el turno de ser descalificada por algunos a la periodista Vanessa Davies al expresar su solidaridad con Luis Chataing, cuyo programa fue sacado del aire por la planta Televen, debido, según lo declarado por el locutor, a presiones insostenibles sufridas por la directiva del medio.

Lo anterior es anecdótico pero ilustra lo que tienen que pasar aquellos seguidores de Chávez que se expresan a contracorriente del liderazgo enquistado.
Hay al menos tres posiciones dentro del chavismo. Digo tres porque grupos sobran: desde la supuesta derecha endógena hasta los radicales que cuestionan un supuesto reformismo del gobierno del presidente Nicolás Maduro, es decir, lo catalogan de socialdemócrata, pasando por los utilitarios que viven del gobierno y de la corrupción.

Entonces, están los del cogollo rojo, es decir, aquellos que son miembros del llamado Alto Mando Político, que nadie sabe por quienes fueron elegidos para ocupar tal instancia, creada además para dar la apariencia de cuerpo colectivo para la toma de decisiones. Entre ellos hay además grupos. No son los mismos intereses del supraministro Rafael Ramírez, que los del vicepresidente Jorge Arreaza, los del alcalde Jorge Rodríguez y los del diputado Diosdado Cabello.
Luego está el llamado grupo de los 7, integrado por miembros de la Dirección Nacional del Psuv. En este lote, hay miembros de AMP, pero los que no están en el cogollo también tiene su agenda: Ana Elisa Osorio y Héctor Navarro, entre otros.
Finalmente está el grupo de los que he llamado parias, pero a ellos les molesta y se autonombran “rebeldes”. Allí hay desde opinadores hasta movimientos sociales organizados. “Nos hemos visto obligados a vernos las caras” comenta uno de este sector.
La principal crítica que hacen los de los grupos dos y tres al grupo uno, es decir, a la cúpula, es la instrumentalización de la política, el alejamiento de los mandamientos del presidente Chávez, la toma de decisiones sin consultar a las bases, el burocratismo, la corrupción, la ineficacia en la acción gubernamental.

Recientemente escribía la ex ministra Osorio, con motivo del próximo Congreso del Psuv lo siguiente: “El III Congreso del PSUV es una extraordinaria oportunidad para reafirmar el legado de Chávez, para revisar algunos de sus últimas enseñanzas así como para releer las críticas que le hizo a nuestro partido y corregir lo que sea necesario corregir. Nunca deberemos soslayar el espíritu de la crítica y la autocrítica”.

El también ex ministro Héctor Navarro planteaba esta semana la necesidad de profundizar la democracia interna y de luchar contra la corrupción.
Lo arriba contado son apenas ejemplos de los murmullos que hay en el interior del chavismo. Los rojos tendrán tres días,  26, 27 y 28 de julio,  para  discutir estos temas en una plenaria con delegados del todo el país. Pero desde ya hay dudas de si prevalecerá la tesis de “lavar los trapos sucios en casa” y de silenciar voces con el argumento de que atentan contra la estabilidad del gobierno y le dan herramientas de ataque a los oposición, o si tomarán el toro por los cachos, discutirán irreverentemente pero leales a su proceso y tomarán correctivos.

 

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