Cómo derrotar a un régimen autocrático: ¿Pacto para la transición o protestas de calle?


Iria Puyosa | Tres vías de acción para superar al chavismo se plantean en los debates sobre el tema. La vía del crecimiento electoral que pasa por el nombramiento de nuevos miembros del CNE, una victoria de la Unidad en las elecciones de la Asamblea Nacional, primarias entre los aspirantes a candidato presidencial de la oposición y ganar las elecciones presidenciales de 2019. La vía de “la transición” con un pacto que incluya a sectores del chavismo y sectores de la oposición, forzar la renuncia de Maduro, montar un gobierno provisional y convocar a elecciones luego de estabilizar económicamente al país. La vía de la movilización social, las protestas de calle, la activación de un proceso constituyente y las elecciones presidenciales anticipadas.

La oposición ha venido transitando la vía de crecimiento electoral desde 2006. Exitosamente: De tener un tercio de los votos pasó a tener 50% de los votos. No obstante, 2019 parece demasiado lejos en un país sin suministro confiable de agua potable, con apagones y racionamiento eléctrico, sin café, sin harina de maíz, sin metformina, sin repuestos para carros. Más importante aún: En 2006, el régimen chavista era caracterizado como régimen híbrido con rasgos autoritarios y rasgos básicos de la democracia. A partir de 2013, comienza a predominar la caracterización del chavismo como un régimen autocrático. En ese contexto se exploran otras vías. ¿El pacto o la calle?

Venezuela no es el primer país que enfrenta ese dilema. Entre 1946 y 2010, se registraron 246 casos de transición de un régimen autocrático a otro régimen. Barbara Geddes, profesora de Ciencias Políticas en University of California – Los Angeles, especialista en transiciones del autoritarismo a la democracia, tiene 20 años estudiando el tema. Este breve artículo sólo pretende difundir las ideas de Geddes que pueden ser útiles para informar el debate sobre las opciones de la oposición venezolana. Aclaro que ni Geddes escribió un manual sobre “Cómo derrotar a su dictadura”, ni yo pretendo sustituir la discusión política con un artículo académico. Sólo los invito a leer “What Do We Know about Democratization after Twenty Years”. Para hacer más tentadora la invitación hago un resumen de sus principales ideas y las relaciono con el caso venezolano.

El estudio de Geddes analiza e intenta explicar teóricamente lo ocurrido en 163 casos de transición a la democracia registrados entre 1946 y 1995. Geddes propone clasificar a los regímenes autocráticos en 4 tipos: dictaduras militares, regímenes personalistas, regímenes de partido único y regímenes híbridos. De acuerdo con sus análisis las dictaduras militares duran un promedio de 9 años y se debilitan por las divisiones internas entre los altos mandos del régimen; suelen terminar con otro golpe militar y/o con una transición pactada que transfiere el poder a políticos civiles. Los regímenes personalistas no son tan proclives a las divisiones internas (quizás porque las disidencias son abortadas de manera temprana en un sistema basado en la lealtad al jefe), duran un promedio de 15 años; suelen terminar con la muerte del líder, golpes de Estado o con rebeliones populares bajo condiciones de grave crisis económica. Los regímenes de partido único duran un promedio de 25 años, no se fraccionan fácilmente y sólo se abren a la transición democrática en condiciones de severas crisis económicas combinadas con movilización social, protestas populares y presión internacional.

Lo primero que tendría que hacer un analista es definir qué tipo de régimen es el chavismo. A pesar del predominio de militares al frente de los ministerios, la mayoría de las gobernaciones y en la cabeza del Poder Legislativo, el régimen chavista no tiene las características de un régimen militar. No predomina una cadena de mando militar en la toma de decisiones sobre el poder político y la gestión de gobierno. Es difícil pensar que los militares chavistas “opten por volver a las barracas”, como dice Geddes al referirse al caso en que los militares pactan con sectores políticos civiles una transición, como consecuencia de su incapacidad para mantener la unidad de gobierno y gestionar la economía.

A partir de 2005, el chavismo comenzó a ser caracterizado por los especialistas en este tema como un régimen personalista (La propia Geddes así lo clasifica). En los regímenes personalistas, la cohesión y la estabilidad se basan en la lealtad al caudillo. Cuando el caudillo muere, este tipo de régimen no suele mantenerse. Hay excepciones: Nicaragua con la sucesión de los Somoza, Haití con la sucesión de los Duvalier, por ejemplo.

Típicamente sucesiones familiares. En el resto de los casos, los sucesores en regímenes personalistas no suelen mantenerse en el poder por más de 3 años desde la muerte del caudillo. ¿Esperamos hasta el año nuevo de 2015 para saber si este es el caso? Si es el caso y el chavismo sigue las tendencias de las transiciones de los regímenes personalistas del siglo XX caería en medio de una grave crisis económica por la vía del golpe de Estado o por la vía de la rebelión popular. Pero, eso es lo que dicen las tendencias. Este caso podría ser la excepción.

Geddes señala que algunos regímenes mutan en su carácter. No es inusual que un régimen emanado de un golpe militar se transforme con el paso de los años (y algunos asesinatos, destierros y encarcelamientos) en un régimen personalista. De hecho, el siglo XX registra varios casos de militares que llegan al poder por vía electoral y terminan estableciendo regímenes personalistas (¿Suena familiar?). Tampoco es totalmente inusual que un régimen personalista se transforme en un régimen de partido único (o partido hegemónico, como algunos amigos prefieren denominarlo) con miras a ampliar su base de poder y fortalecer su estabilidad.

En mi opinión, ese último es el caso del chavismo. La derrota del chavismo en el referéndum constitucional obligó al régimen a cambiar su línea de acción. Es así como
en marzo 2008 se funda el Partido Socialista Unido de Venezuela, como partido de la hegemonía chavista. Y a partir de enero 2013, con la desaparición física del caudillo, el régimen de partido ha estado en el ejercicio del poder. Si efectivamente es así, lo que indican los análisis de las transiciones a partir de regímenes de partido único en el siglo XX es que el chavismo caería bajo el efecto de las protestas populares y la presión internacional en un contexto de severa crisis económica. No habría que confiar en transiciones pactadas. Los regímenes de partido pueden negociar con la oposición bajo presión, pero históricamente tienden a incumplir los pactos a menos que enfrenten unafuerte movilización social en demanda de democratización.

Nota final: Si usted considera que el chavismo no es un régimen autocrático sino un régimen democrático, esta no es su discusión. Hasta el dos mil siempre, como aquella
“dictadura perfecta” legitimada por los votos periódicamente.

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