La #papahuella: Racionamiento del siglo 21


Hasta en farmacias habrá control de venta


Por Luz Mely Reyes

El gobierno de Nicolás Maduro  ha hecho un esfuerzo propagandístico para dar a conocer la cruzada anticontrabando y en ese marco han avanzado en la aplicación de un sistema de control de compras de productos esenciales a través del mecanismo de  la máquina captahuella, , que es una suerte de tarjeta de racionamiento del Siglo 21.

De acuerdo con lo confirmado por el presidente  Maduro,  desde finales de noviembre se contará con lectores de huellas en los expendios de alimentos en todo el país, tanto de las redes públicas, como de las redes privadas. Pero además, en las grandes cadenas farmacias también habrá ese mecanismo de control.  Es decir, papahuella para todo el mundo.

Como es usual,  el tema ha sido utilizado para exacerbar la polarización que hay Venezuela. El Gobierno intenta hacer ver que quienes expresen dudas sobre la medida del cierre de fronteras o expongan reservas sobre la papahuella,  entonces es porque apoyan a los irregulares que se lucran extrayendo alimentos del país. Es una táctica muy empleada. Una  falacia que ya les ha dado resultados con el #Dakazo ( rebaja de precios de electrodomésticos, lo cual llevó a las grandes compras y colas en tiendas que los vendían y acusaciones contra dueños por supuesta especulación)  y en la restricción del cupo viajeros ( se le atribuyó a los “raspacupos” el castigo impuesto a todos los venezolanos para rebajar la entrega de divisas con fines de viajes y estudios).

Es necesario entonces contextualizar. En primer lugar, la agudización del desabastecimiento de alimentos de la cesta básica es algo que ya hasta el propio Gobierno había vaticinado. Más de una vez Maduro advirtió sobre las compras nerviosas y dijo que ningún país, especialmente si no produce, podría aguantar esa compradera.

Hay que precisar  pues, que si bien son  importantes las medidas anticontrabando, no es esta trampa la primera causa de la escasez de productos. Los expertos, chavistas y no, saben que una de las causas es el hecho de que Venezuela importa la mayoría de los alimentos y otros productos que consume, además de que el control excesivo de precios es un incentivo para este tipo de acciones. Decir lo anterior vale ser acusado de capitalista salvaje o de cualquier otra necedad que encaja en la retórica maniquea de algunos voceros oficialistas.

No implica esto que le falte razón al Gobierno cuando afirma que un patrón desviado de compras es inaguantable. Eso se sabe. Pero el Ejecutivo no ha podido frenar a buhoneros ni a los corruptos que trafican con los alimentos y otros bienes.

Aunque este gobierno es experto en aplicar técnicas de propaganda y manejo de la opinión pública para desviar la atención sobre los verdaderos problemas, esta vez enfrenta algunos retos.

El primero es que los caraqueños y habitantes de zonas centrales del país no aceptan que se le atribuya al contrabando la falta de alimentos y productos básicos. La explicación está en frente de todos. Cuando sales del supermercado sin harina de maíz, leche, margarina, aceite, azúcar o café, y miras a los vendedores ambulantes ves que ellos tienen todos esos productos, a un precio superior al fijado, pero los venden sin ningún problema frente a la mirada de la fuerza pública y sin que le caiga ninguna inspección de la Superintendencia de Precios Justos.

Luego,  otro hecho que atenta contra Maduro es la alta visibilización, para marcar la agenda, de las acciones frente al contrabando. Si bien, los seguidores muy duros del Gobierno pueden creer todo lo que se les dice, la mayoría se pregunta: ¿Y qué hacia el Gobierno durante todos estos años, que se permitió el florecimiento de estos desguazadores? ¿Quiénes son los que desvían camiones con productos para Mercal y Pdval hacia otros rumbos?  ¿ Cómo ninguna alcabala llega a detectarlos antes de cruzar la frontera? Sé que algunos de ustedes tienen sus sospechas.

Finalmente, pero no menos importante el asunto de las captahuellas en los expendios de alimentos abre otras interrogantes. Por ejemplo, ¿qué empresa saldrá beneficiada al vender estas máquinas?  ¿Cómo será la instrumentación de la restricción de compras?  ¿ Qué implica para el ciudadano no poder acceder a realizar sus compras en el momento que mejor le parezca?

El presidente Maduro dijo recientemente que estas máquinas no eran para racionar la compra de alimentos, frente a lo cual surge la duda: ¿Entonces para qué las adquieren?

Otras declaraciones de voceros del gobierno refieren que con las captahuellas se busca saber el patrón de consumo del venezolano. Yo creo que aquí se esconde parte de la razón de esta instrumentación. De esta manera reducirían las importaciones y mantendrían a la población más vigilada.

Recientemente un artículo de El Nuevo Herald alertaba sobre el uso del racionamiento en Cuba como herramienta de control social. En el fondo la captahuella venezolana es esa tarjeta de racionamiento empleada en la isla, sólo que mejorada por la tecnología.

Esta idea de usar internet, sus bondades y también otros avances tecnológicos para aplicar el Socialismo del Siglo 21 se la escuché a Heinz Dieterich en alguna entrevista que le hicieron cuando era un aliado del gobierno venezolano. Él explicaba que ahora era más fácil manejar datos de la población.

Y así estamos los venezolanos. Todos nuestros datos los tiene el gobierno y con ellos nos restringen nuestra capacidad de viajar al destino que querramos, la posibilidad de adquirir los alimentos que deseemos, la capacidad de movernos en nuestras ciudades ( por la inseguridad) y la capacidad de mantener nuestros talentos en el país.

Todo el tema de consumo y de disponibilidad de productos es muy espinoso. Días atrás se produjo un atajaperro en una tienda de la cadena Makro, las colas  para hacer compras  son el pan nuestro de cada día y cada vez es más la desazón sobre lo complicado que se hace adquirir en  el tiempo de cada cual, los alimentos esenciales.  Pero la solución que está proponiendo el Ejecutivo parece que podría empeorar la situación.

Instrumentar un sistema de control como el anunciado tiene complejidades. Es posible que ya las hayan ido evaluando, pero si lo aplican y no soluciona ni las colas ni la escasez sólo habrán estirado la arruga.  Tal vez este sea el objetivo del Gobierno y es muy probable que lo consigan, pero el costo político seguirá subiendo.

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